El Sistema Vagal

El Sistema Vagal

El Sistema Vagal es una frase que quizás hayas visto circulando por internet, ganando popularidad a través de publicaciones de influencers de fitness. Pero, ¿qué significa y cómo se puede aplicar en la danza? En el blog de este mes, desglosamos el qué, el dónde y el porqué del sistema vagal, y exploramos el rol del nervio vago en la mejora del rendimiento en la danza y en la recuperación.

 

¿Qué es el Sistema Vagal?

 

 

Compuesto por el nervio vago, los núcleos del tronco encefálico y la red neuroendocrina e inmune, el sistema vagal hace referencia a una división del sistema nervioso autónomo: el sistema nervioso parasimpático, frecuentemente conocido como la función de "descanso y digestión". Probablemente hayas escuchado hablar de la respuesta de lucha o huida, producida por el sistema nervioso simpático, que lleva al cuerpo a un estado de estrés. El sistema vagal actúa para contrarrestar esta respuesta, regulando la frecuencia cardíaca, controlando la digestión y gestionando la inflamación para devolver al cuerpo a un estado de homeostasis (equilibrio). Tanto el sistema nervioso parasimpático como el simpático funcionan dentro del sistema nervioso autónomo, lo que significa que todas las respuestas y reacciones son involuntarias.

 

El nervio vago es un componente fundamental del sistema vagal, ya que transporta señales entre el cerebro, el corazón y el sistema digestivo en respuesta a distintos estímulos. Proveniente del latín 'vagus', que significa errante, el nervio vago es el décimo (X) nervio craneal y desempeña un papel importante en el control de varias funciones, entre ellas: la digestión, la frecuencia cardíaca, el estado de ánimo, la producción de mucosa, las sensaciones musculares, la orina y el gusto. Mantener el delicado equilibrio entre estas dos divisiones del sistema nervioso autónomo es fundamental tanto para garantizar un entorno interno saludable como para optimizar el rendimiento humano y, por ende, el deportivo.

 

 

Comprendiendo el Nervio Vago

 

 

La interacción entre los procesos psicológicos y las funciones fisiológicas ha sido de interés tanto para científicos como para atletas desde hace mucho tiempo. Los estudios sobre la conexión entre ambos aspectos se remontan al siglo XVII a.C., donde pueden encontrarse referencias al efecto del trauma craneal en los procesos corporales en el Papiro Quirúrgico de Edwin Smith. En los últimos años, estudios similares se han centrado en comprender cómo el estado interno puede influir en el rendimiento físico para obtener beneficios deportivos. Para entender los resultados de estos estudios, primero debemos familiarizarnos con dos teorías importantes: la Teoría Polivagal y la Ley de Yerkes-Dodson.

 

La Teoría Polivagal identifica dos ramas del nervio vago: la vía vagal dorsal, evolutivamente más antigua, que media las respuestas de apagado, y una rama ventral más nueva, responsable de aumentar el compromiso social y acelerar la frecuencia cardíaca. En su teoría, Porges establece el concepto del freno vagal, una función del nervio vago que actúa inhibiendo el marcapasos natural del corazón. Funcionando como un interruptor, el freno se libera para aumentar la frecuencia cardíaca y el estado de alerta, y se cierra para desacelerar el corazón y calmar el cuerpo. 

 

Este freno es especialmente útil para los atletas, quienes pueden utilizarlo para crear lo que la Ley de Yerkes-Dodson identifica como una zona de rendimiento óptimo. Según esta ley, introducida por primera vez en 1908, la activación mental (estrés) puede mejorar el rendimiento físico, pero solo hasta cierto umbral. Es por eso que, como ilustra una curva en forma de U, un mecanismo que evita la sobreactivación e inhibe la subactivación (como el freno vagal) es fundamental para optimizar el rendimiento deportivo.

 

 

Estimulación del Nervio Vago

 

 

Basándose en las teorías mencionadas, los científicos han buscado formas de estimular el nervio vago para potenciar la actividad del sistema nervioso parasimpático. Algunas de estas formas son tan comunes como la respiración profunda, un método que ha demostrado desacelerar la frecuencia cardíaca y calmar el cuerpo. Otros métodos no invasivos incluyen: cantar, tararear y la estimulación transcutánea del nervio vago (tVNS). Este último hace referencia al uso de un pequeño dispositivo para enviar corrientes eléctricas suaves a las ramas del nervio vago en el oído (taVNS) o en el cuello (tcVNS).

 

Un estudio que evaluó los beneficios de la tVNS descubrió que, tras solo una semana de aplicar el tratamiento, el VO2 máx había aumentado hasta un 3,8%, destacando el papel de la tVNS en la mejora de la capacidad cardiorrespiratoria. Estudios similares sobre el efecto de la estimulación del nervio vago en la mejora de las respuestas tanto fisiológicas como psicológicas han encontrado que el aumento de la actividad vagal, logrado a través de métodos como desacelerar el ritmo de la respiración o la taVNS, puede mejorar la recuperación de la frecuencia cardíaca, optimizar la función ejecutiva bajo estrés y aumentar la resiliencia cognitiva.

 

 

Mejorando la Función del Nervio Vago con PBT

 


Las clases de PBT aprovechan elementos de la estimulación del nervio vago para potenciar el entrenamiento en danza y mejorar el rendimiento. Durante cada ejercicio y secuencia de movimiento, se alienta a los bailarines a tomar conciencia de su respiración, coordinando el movimiento con el aliento para mejorar la activación muscular. El trabajo de respiración también juega un papel fundamental en los ejercicios de recuperación, ayudando a los bailarines a liberar tensión mientras desaceleran la frecuencia cardíaca. Esta promoción de la actividad parasimpática enseña a los bailarines a manejar mejor su freno vagal, dándoles las herramientas necesarias para crear un entorno interno óptimo para el rendimiento.

 

Para los bailarines que buscan regular mejor su sistema nervioso, mejorar su capacidad cardiorrespiratoria u optimizar su recuperación, las clases de PBT ofrecen una solución efectiva.

 

 

 

Por Elise Smith